Un amigo, un Viejo Lobo de nuestro grupo Loyola está en el campamento eterno.

Su recuerdo nos envuelve y trasporta al pais donde todo lo bueno es posible, como una ola benéfica y constante.

La sonrisa provocada y compartida por tu recuerdo, es recurrente en nuestra memoria, son tantos momentos vividos…, ya germinan y florecen dando lugar a una emoción más serena y profunda.

Qué alegría recordarte, cuánta sonrisa nos provocas, no podemos vivirte sin dejar que fluyan los cientos de anécdotas de generosidad y entrega que nos regalaste…

Un hombre perfecto…

Quiera eso decir lo que sea, ahora soy incapaz de expresarlo, pero tu rastro ha dejado huella y cada uno de nosotros te siente y recuerda con agradecimiento; la inmortalidad podría ser eso…

¿Eras tú el que conocí, el que abría caminos a la concordia, enseñando con discreción el valor de la constancia y el esfuerzo…?

¿Cuántos puntos suspensivos, cuántos silencios necesito para reconstruirte en mi memoria? ¿Cómo puedo decir algo acerca de ti sin palabras?. Así es como te siento ahora.

El peso del mundo habita en nuestros corazones, pero tu vida lo alivia, hace nuestra carga más ligera, el mensaje que nos has dejado lo hemos hecho nuestro y ese ejemplo que dicen, es el único camino del buen maestro, ha prendido en nuestras almas y nos impulsa a mirar hacia el futuro con esperanza.

Gracias por compartir tu vida con nosotros.

Un abrazo emocionado del grupo scout Loyola para Toñi, Rocío, Encarna, Juanjo y familia.

En memoria de Juan José Domínguez Alarcón.

¡Buena caza!