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En la difícil misión de ser padre, que por cierto aún no encontré el manual de uso que tendría que haber venido con las niñas, aprendemos y descubrimos en ellos muchas acciones que nos hacen replantearnos diariamente lo que hacemos y como lo hacemos.

Mi hija pequeña, de tan solo 4 años, es una esponja del conocimiento, tiene una gran necesidad de aprender y conocer diariamente nuevas cosas, para posteriormente convertirse en una pequeña profesora que nos da clases magistrales con sus nuevos conocimientos.

Estas últimas semanas en clase han conocido la civilización egipcia, y la casa se ha convertido en un laboratorio de aprendizaje extraordinario, donde todos los miembros de la familia hemos sido participes en la adquisición de esos nuevos conocimientos. Hemos visto vídeos (algunos varias veces), hemos leído libros, ojeado revistas, realizado manualidades para hacer el disfraz, y todo con la fuerza y exigencia que nos iba marcando nuestra profesora magistral de 4 años.

El poder de comunicar y de apasionar que tienen los niños es ilimitado, tanta como su creatividad e imaginación. Si tienes la oportunidad de dejarte llevar por su pasión y entrega, tienes muchas posibilidades de volver a ser un ser creativo, imaginativo y pasional.

Ayer conocimos la civilización egipcia, la semana anterior el cuerpo humano, esta la obra de Juan Ramón Jiménez “Platero y yo”, y serán muchas las áreas del conocimiento que nos toque vivir junto a los más pequeños, con lo que no podemos ni debemos desaprovecharlas en ningún momento.

Vivir junto a pequeños genios es una ventaja que los adultos que tenemos esa oportunidad tenemos que aprovechar con intensidad, y de una forma especial, potenciar para que esa genialidad no desaparezca de ese pequeño ser.