En la pasada 57 Asamblea General de Scouts MSC celebrada en Punta Umbría fui reconocido con la Cruz de Scouts MSC como Miembro de Honor, tenía escrita unas palabras, pero no pude leerlas públicamente  pero si me gustaría compartirlas ahora con vosotros.

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Sólo una palabra. Gracias.

Gracias de verdad porque este reconocimiento, que sólo me provoca ilusión, felicidad y una sonrisa que luce desde esta oreja hasta la otra y que me temo que va a durar algunos meses presente.

Recibir un reconocimiento como éste de la que es mi casa desde hace ya más de veinte años y de la que va a ser siempre mi casa, sólo me hace pensar en todos y cada uno de los que me han aportado algo para que todo mi trabajo tenga su recompensa. Todos. Sin nombrar a ninguno, porque sería injusto, y sin olvidarme de absolutamente nadie. Ya sean loas, críticas, agradecimientos o quejas. Ya me hayan aportado un granito minúsculo o toda una montaña de compañerismo, de apoyo y de sentimiento scout.

Quizá, vaya por delante, quizá me quede con las críticas y con las quejas. Siempre he pensado que son las que te hacen avanzar, las que te hacen mejorar, las que te hacen no quedarte en el cinco raspado, sino ir a por el notable y soñar, hasta que lo logras, con el sobresaliente. Y no es una de esas frases manidas. Es parte de mi conciencia personal, de mis bases. Quizá ese espíritu de sacrificio sea de los valores que más adentro me ha llegado de todo lo he aprendido y sigo aprendiendo de este movimiento nuestro. Y una de las claves, junto al respeto y a la solidaridad, que quiero que mis hijas, ahora que la mayor comienza en la línea que mantiene el padre, tenga grabado a fuego en su interior.

Pero sobre todo quiero que aprendan, y quiero reconocer aquí, la importancia del trabajo en equipo. Porque, como dice el refranero, “grano no hace granero, pero ayuda al compañero”. Y esa es la base de los trabajos en equipo que solemos poner en marcha; la base de todas las acciones que, de forma conjunta, llevamos a buen puerto. Si todos no remamos en este barco en una única dirección, nuestro velero al final, encallará en la desolación, en la frustración, en el mar turbado en el que actualmente se ha convertido nuestra sociedad. Una sociedad cada día con menos valores, donde cada día parece que la solidaridad, el apoyo y el trabajo en equipo son virus que han infectado a gran parte de la población. Nosotros, nuestro trabajo, somos la vacuna que puede solucionar parte de estos males. Inoculémoslo. Recetemos nuestra medicina.

Muchas gracias.