La confianza es quizá el bien más preciado con el que cuenta una relación. Es una apuesta hacia el futuro que aporta tranquilidad y seguridad. Si existe confianza cualquier cosa es posible.

Es difícil de construir y muy fácil de perder. Nada se sostiene si no hay confianza.

La confianza puede estar referida a uno mismo. Confiando en las capacidades y posibilidades propias. Puede estar referida al otro, proporcionándonos tranquilad y seguridad en la relación.

Cualquier relación ha de basarse en la confianza: la relación de pareja, la relación de amistad, la relación jefe-empleado, la relación compañeros de trabajo, la relación cliente-proveedor, la relación de vecinos, conocidos, etc. Ninguna de ellas se sostendrá si falla la confianza.

La confianza es una apuesta, una inversión que se hace en la relación, que se basa en el “confío en ti y por ello estoy dispuesto a …”.

La confianza se mantiene mientras se cumplen unos mínimos para las distintas partes implicadas. Si una de la partes, rompe ese criterio de mínimos, la confianza se pierde, y la relación se resiente, tanto que al final acaba también extinguiéndose. Es cierto, que hay veces que la apuesta ha sido tan fuerte, por una parte o por las dos, que se intenta por todos los medios salvar lo que queda.

Perder la confianza en uno mismo o en los demás, supone una pérdida muy difícilmente gestionable.

Aunque para construirla hacen falta unos buenos cimientos y un esfuerzo continuo, para perderla a veces basta un simple gesto no esperado, una palabra fuera de lugar, un error de comportamiento, una expectativa no cumplida, etc., y a partir de ahí todo cambia, ya nada vuelve a ser como antes.

Es un punto de no retorno. Cuando se pierde la confianza, si es necesario mantener la relación, como en el caso de personas que trabajan juntas, compañeros, jefes-trabajadores, ha de buscarse una nueva dimensión en la que anclar la relación para que se pueda mantener a flote, sin provocar un desgaste diario, muy difícil de gestionar.

Las empresas invertimos muchos esfuerzos, recursos y dinero en generar confianza en nuestros clientes, en nuestros equipos y en nuestros proveedores.

A raíz de la crisis es una de las palabras de moda. Parece ser que este “tsunami” que nos arroya desde hace ya tiempo,  se debe a la falta de “confianza”, y cuando se recobre la confianza las aguas volverán a su cauce.

En confianza no es posible llegar a ningún tipo de acuerdo. La confianza aumenta de forma significativa el compromiso y la implicación.

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Fuente: davinchi.es