Date: Sat, 14 Feb 2009 23:39:42 +0100

Entrevista a Eduardo Missoni, ex-secretario de la Organización Mundial del Movimiento Scout.

Extraida de www.larocadelconsejo.net

De 2004 a 2007 fuiste el máximo representante de la OMMS. ¿Cómo se llega a ser Secretario General? ¿Y cómo es el movimiento scout en su globalidad? ¿Qué nos une y qué nos diferencia?.

Efectivamente sin haberlo solicitado llegué a ser el Secretario General del Movimiento Scout Mundial, o mejor dicho de su Organización, la OMMS. Quiero subrayar este aspecto porque creo sea determinante para comprender mi actitud frente al cargo.

Después de 23 años dedicados a la cooperación internacional (al inicio como voluntario médico en Nicaragua, después como funcionario Unicef en México y, finalmente como responsable de la cooperación en salud con los países de América Latina y del Africa sub-sahariana para el Ministerio de Asuntos exteriores del Gobierno Italiano), en el 2002 fui contratado como profesor en una de las más prestigiosas universidades de Italia, la Bocconi, para traducir mi experiencia en enseñanza de grado y postgrado.

Eduardo Missoni en el Foro de Jóvenes (fotografía de Germán Florez)

Eduardo Missoni en el Foro de Jóvenes (fotografía de Germán Florez)
Yo había vivido la experiencia del Movimiento scout desde los 10 años de edad hasta los 25 cuando, finalizada mi formación profesional como médico, fui a cumplir mi misión a Nicaragua. Nunca dejé de “ser” Scout y de tratar de vivir día a día los valores que implica el compromiso que asumí pocos días antes de cumplir mis 11 años de edad, la Promesa; pero eran 22 años que había dejado el grupo scout y toda conexión con el trabajo en la organización scout.

Así que me sorprendí bastante cuando un consultor de una compañía multinacional de “cazadores de cerebros” me contactó por saber si me interesaba ser considerado para la selección del nuevo Secretario General de la OMMS. El ideal Scout había marcado toda mi vida y cuando pude comprobar que no se trataba de una burla, acogí esa propuesta y, superadas todas las selecciones (según me dijeron, inicialmente los candidatos admitidos fueron 109), acepté el nuevo desafío.

A través de los cuentos de mi predecesor y del análisis inicial que hice preparándome al nuevo oficio, me di cuenta que la Organización Mundial había pasado por una crisis importante, había habido luchas de poder y conflictos personales que no correspondían a lo que me esperaba de una organización que representara y apoyara el Movimiento scout. También fui descubriendo la distancia, a veces abismal, entre las diferentes organizaciones nacionales en la interpretación del método scout y de la propuesta educativa. Pero al mismo tiempo fui identificando los elementos comunes que permiten a dos jóvenes scout de países y culturas distantes de reconocerse como “hermanos scout”, la esencia de aquel fenómeno que expresa toda su fuerza en momentos cruciales como son los Jamboree y otros eventos similares, donde la hermandad entre scouts -más allá de la retórica y la hipocresía de muchos adultos y dirigentes nacionales y mundiales- llega a poderse respirar. A veces la distancia más grande es entre los dirigentes y los jóvenes; distancia que se agranda notablemente en algunos contextos culturales y socio-polìticos. En algunas culturas se han exaltados los aspectos disciplinares y formales, se han reproducido en las organizaciones scout esquemas autoritarios y/o competitivos que son el contrario del ideal y de la esencia del método scout, así como cuando se exaltan las capacidades técnicas dejando de un lado la vivencia de los fundamentos éticos y sociales. Los adultos para el método scout son educadores que saben vivir con los jóvenes poniéndose a la altura de ellos como hermanos mayores y no como instructores, dirigentes, maestros o jefes.

Obviamente hay diferencias entre participar de la experiencia scout en un país u otro que tienen que ver con el contexto geográfico, socio-económico y cultural, pero no debería haber diferencia en el sentido profundo de “ser” Scout o sea en la traducción de los valores esenciales de la Ley y de la Promesa en la vida cotidiana. Que sentido tiene preocuparse del crecimiento de los números de los inscriptos, sin preocuparse de los resultados educativos de nuestra acción? “Escultismo para muchachos” era “un manual para la buena ciudadanía” y para B.-P. se trataba de formar “ciudadanos del mundo”, de un mundo posiblemente mejor, donde prevalezca la cooperación y no la competición, la lealtad, la hermandad, el respeto y la atención a los demás, el uso cuidadoso de los recursos y el amor a la naturaleza.

Entonces, la pregunta fundamental para un dirigente debería ser:

“Cuántos y qué tan buenos son los ciudadanos que hemos formado? ¿Cuántos están dedicando su vida a donar felicidad a lo demás?”