Diecisiete años dan para mucho. Para bastante, diría yo. Diecisiete años pueden ser parte fundamental de una vida. Bodas de alhelí, reflejan los anuarios matrimoniales. Curioso. El alhelí. De color malva. Como el color del movimiento scout…

Ahora, tras diecisiete años como scout en la Asociación de Scouts Huelva, con diferentes etapas y responsabilidades dentro de estos años, paso página con la satisfacción del deber cumplido y, sobre todo, con la grata experiencia de lo vivido. Decir algunas personas sería injusto con las que no nombre. Recordar algunas vivencias le darían un toque de opacidad a otras tan o más importantes que las que cite. Por eso, permitidme que sólo refleje mi sentir, mi vivir, mi pensar en unas líneas.

Los primeros diecisiete años de vida suelen ser los que marcan a una persona. Sobre todo los que señalan el sendero por el que se ha de caminar. En mi caso, los diecisiete años vinculados a la Asociación de Scouts Huelva me han mostrado no sólo el camino por el que tenía que caminar, sino el que debo seguir. Y el que debo enseñar. Porque desde el año 95, las vicisitudes, las curvas, los recodos, los recovecos con los que me he encontrado sólo me han servido para demostrarme a mí mismo que el camino que se recorre con dificultades y con esfuerzo es el que más se valora, del que más se aprende. Ahora, en otra etapa tan apasionante e ilusionante como la vivida, sé que esos valores adquiridos, que esos conocimientos asimilados no pueden faltarme nunca. Ni a mi mujer, ni a mis hijas, las verdaderas luces que guían mi caminar. Unas luces, sobre todo mis pequeñas, a las que debo también guiar en unos pasos marcados por lo que significa ser scout.

Ser scout, aunque algunos no lo entiendan ni lo lleguen a entender nunca, es más que unir cinco letras. Ser scout es una forma de vivir, una forma de sentir, una forma de compartir el día a día. Ser scout es marcar un camino, es dar unas directrices de vida, es conformar un pensamiento que te hace, creo, más humano, más cercano. En definitiva, te hace sentir más vivo. Y eso, sentirme más vivo, es lo que me he sentido en estos diecisiete años. Y eso, precisamente, es lo que quiero trasmitir a las nuevas generaciones, que tienen en la mayor de mis hijas, el primer reflejo cercano.

Por todo ello, gracias. Por todo lo que me habéis enseñado todos y cada uno de los que estáis leyendo estas simples líneas salidas del corazón. Por todo lo extraído de cada uno de vosotros que me habéis ayudado a seguir caminando en el día a día. Por todo lo sufrido y aprendido en cada momento, en cada lágrima, en cada sonrisa, en cada suspiro. Simplemente, gracias por haberme hecho sentir vivo durante todo estos años.