Mi último campamento con el Grupo Scout Loyola, fue hace unos pocos años, y fue precisamente en la zona de campamento de “El Picacho” en Mazagón.

Como si fuese un dejabu, ahora repito lugar de campamento y en la misma fecha. En aquella ocasión mi misión en el mismo fue como responsable de campamento, y en esta ocasión iré como animador ruta, cosa esta última que me gusta mucho más y me hace mucha mas ilusión.

En esta ocasión, tendré la oportunidad de ver a mi hija mayor asistiendo a su primer Campamento Scout, motivo por el cual ya se presupone que será un campamento histórico e imborrable en mi memoria.

Mi hija, ya está nerviosa, y aún faltando muchos días para la actividad, ya no habla de otra cosa, como dice mi amigo Alfonso Escoboza “la niña ya está envenenada con los scouts”.

Ahora estoy observando, experimentando y viviendo en casa, lo que los scouts influyen en los niños. Ahora la escucho explicándome como se lleva el cuaderno de caza, las pistas y huellas, y como se hace la mochila, y es cuando uno verdaderamente comienza a ser consciente de la importancia de la buena labor que desarrollan los responsables scouts y el poder de seguimiento que tienen para con sus pequeños lobatos.

Akela, Baloo, Hermano Lobo y Darzee, ahora comienzan a formar parte de nuestro hogar. Comienzan a ocupar parte de nuestra conversación en la mesa, así que no me imagino el papel tan relevante que tendrán después del campamento.