El valor de la solidaridad se manifiesta en reconocer en el bien común, el sentido de una vida exitosa para todos. Desde el punto de vista psicológico, la solidaridad es una actitud y un comportamiento; una actitud porque nos inclina a responder favorablemente a las necesidades de nuestro grupo, de nuestro prójimo y una forma de conducta cuando se concretiza en acciones. Implica sentirse afectado por las necesidades de los otros como si fueran propias. En este sentido nuestra solidaridad se manifiesta hacia toda la humanidad, hacia quienes sufren discriminación xenofóbica, hambre, sida, adicciones, abusos y guerras.

La solidaridad, como cualquier valor también tiene un componente afectivo, pues no es el cumplimiento forzado o frío del deber, sino el afán de ayudar y participar para alcanzar una meta. Tiene que ver mucho con el liderazgo y la inspiración; cuando alguien se convence y actúa, los demás lo siguen. Los planes de trabajo, aún en la familia requieren del liderazgo y el ejemplo de los padres.
Es necesario trabajar para educar y educarnos en la virtud solidaria, distintiva de la comunidad humana, reconociendo que moralmente es necesario dar mayor peso a este comportamiento de apoyo a los demás, sin descuidar a nuestra propia persona.

CÓMO SE DESARROLLA LA SOLIDARIDAD
El valor de la solidaridad se desarrolla cuando:
• Escuchamos con simpatía e interés, a quien propone alguna mejoría para todos.
• Preguntamos y nos disponemos para participar.
• Somos servidores de los demás, no únicamente de nosotros.
• Comprendemos el daño que ocasiona a todos ser indiferentes a las buenas causas.
• Disfrutamos el valor al trabajo en grupo, cumpliendo lo mejor posible nuestros    compromisos.

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